Dos patrias. Dos culturas. Un pensar colectivo y un sentimiento común

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Reflexiones de un inmigrante colombiano en Argentina

Por César Augusto Salazar Hernández
Estudiante de la maestría “paisaje, medio ambiente y ciudad” en la UNLP

La Plata, Argentina. La condición de extranjero trae inevitablemente sobre quien la experimenta una inevitable actitud crítica, pues continuamente el foráneo esta haciendo comparaciones de lo que observa y vive en el país que lo acoge en su estadía con las costumbres de la tierra de la que procede. El autor de este artículo, colombiano de nacionalidad y con una marcada influencia de la cultura paisa (1) quien lleva más de doce meses viviendo en territorio argentino, compartirá algunas de sus reflexiones e impresiones de la región río platense y que recuerda de los paisajes (2) a los cuales pertenece.

Foto del autor: El Peñon o El Peñol de Entre Rios, Antioquia, 2005.

Definitivamente me sumo a quienes aseveran que hasta cuando no se toma distancia del lugar en el que la infancia, la escuela, los amigos, la familia, los primeros años de juventud fue el marco de todo lo que esto significa, es difícil esclarecer los rasgos que te identifican como perteneciente a una cultura determinada, con todo lo que esto conlleva, enorgullecerte de la nobleza singular pero también reconocer aquellos lunares que lamentablemente es lo que más resaltan afuera. Pero después vas concluyendo que muy a pesar de tantas notorias diferencias es posible reconocer también patrones culturales que nos hacen iguales, pues ninguno escapa de la condición humana.

Al llegar a otro país, no demora mucho el que los otros digan: “este tipo no es de acá”, lo lees en sus miradas; y tampoco es necesario que transcurra mucho tiempo para sentirte que vos estás en otro lado, en otro sitio. Los acentos de la lengua, tonadas como lo denominan acá, la tez de tu piel, los rulos del cabello y la manera en que me expreso definitivamente delatan que mi procedencia es distinta de las personas extrañas que los argentinos acostumbran a ver en el bus (ómnibus), en el bar (cafetería) o al caminar por la vereda (la acera). ¿Eres centro americano? ¿acaso de Venezuela o Panamá?, algunos que no le atinan a mi procedencia se atrevan a lanzar al aire algunos posibles países que identifiquen mi nacionalidad. No, soy de Colombia… les digo, algunos a veces después de escuchar mi respuesta continúan con un prolongado silencio, que según el gesto interpreto de distintas maneras, o en la gran mayoría de ocasiones apenas oyen el nombre de mi país dicen: ahh… que lindo!!!… ¿qué haces acá con este frío?…

Colombianos en la Argentina se ven cada día más, eso no sólo lo manifiestan los nacionales de este país sino también los que ya llevamos meses acá de prolongada estadía. Los ves por diversas razones, turismo y estudios universitarios o de postgrado son las que mas he apreciado cuando me cruzó y le consulto alguno el motivo de su presencia. Por eso ya cada vez es más fácil que nos identifiquen entre el número grande de inmigrantes latinos en su mayoría bolivianos, peruanos y paraguayos, todos con una misma lengua pero con notadas diferencias en la manera de tratarlo y usarlo para comunicarse con el otro.

Cuando el argentino se escucha a si mismo en el uso de la lengua y a los inmigrantes que también hablan castellano, desde el mas lego al más culto aprecia el destacado trato que el colombiano hace del idioma que más de veinte países tienen como su lengua oficial.

Foto del autor: Jóvenes colombianas en compañía de una brasilera y dos argentinas en el Parque Italia de la ciudad de La Plata, 2007.

Lo paradójico de esto es que si solamente hiciéramos una comparación entre colombianos y argentinos, sin atender a las marcadas diferencias regionales en cada país, definitivamente Argentina es un país letrado, es decir, me atrevería a decir, sabiendo que con esto no hago ningún descubrimiento, que el argentino promedio lee mucho más que el colombiano, incluso aseveraría que son mas los australes que se han sumergido en novelas como Cien Años de Soledad del nobel García Marquez que compatriotas suyos que lo mencionan más como cuando celebramos la estrella de campeonato de equipo de fútbol al cual se es devoto.

Pero así como los argentinos en general son buenos lectores, aunque muchos son escépticos de que la tendencia se mantenga, se deba en muy buena medida a razones histórico-culturales, pues para que este extenso país pudiese ser gobernado y administrado por las generaciones progresistas (3) del siglo XIX apeló a la literatura como gestor en la construcción de una identidad nacional, obra asombrosa pues, aunque no es motivo de este ensayo ahondar en ello, la hasta ahora construcción identitaria argentina fue lograda en menos de un siglo atendiendo que fueron varias las hordas de inmigrantes del viejo continente, no sólo italianos como desde afuera deducimos simplistamente, sino de otros países septentrionales e incluso del este europeo (4) Quienes tenían el ímpetu de construir una nueva nación atendían al lema gobernar es poblar y en consecuencia abrieron las puertas a la inmigración que por sus variadas procedencias con lo cual diferentes creencias y lenguas, con la escuela pública y la instrucción obligatoria en el castellano indujo a las generaciones pobladoras a la lectura frecuente y está transmitida a las generaciones posteriores.

En Colombia que el logro de la escuela pública es muy posterior a la de Argentina, y que aún registra un índice menor de desarrollo humano según PNUD 2004 que la patria con la que establezco el parangón, paradójicamente el colombiano se presenta en la región como una persona culta, pues muy a pesar de su condición social, incluso en las que carecen de educación básica, se aprecia en muchos un trato adecuado del idioma. Muchos académicos y entendidos en el tema que atribuyen esta particularidad a la relación directa que tuvo la región denominada por la corona española en el siglo XVI como Nueva Granada, para ese entonces nueva división administrativa separándose del virreinato de Lima. Analistas dicen que a pesar de la fragilidad que manifestaba este virreinato existía una relación cultural muy directa con las regiones de España donde mejor se hablaba castellano, pues de allí provenían los administradores encomendados por la corona que como en el caso de la República Argentina posterior a estos hechos se sirvieron de la instrucción obligatoria en el idioma con el mismo fin práctico, gobernar y controlar.

Aunado a la mayor precisión del colombiano al castellano viene lo que destacan de afuera como un acento, una tonada suave, algunos dicen pausada y con un ritmo tal que más parece un canto. Pero también quiero destacar que en mi condición de extranjero lo que más extraño de mi ciudad, de mi barrio y demás lugares donde transcurría mi vida anteriormente, es el trato respetuoso y cordial que establecía con el vecino, con el portero del edificio donde trabajaba, con el conductor del taxi, bus o colectivo, pues a pesar de que no era regla general, por mi experiencia afirmo que son más las excepciones de un trato agresivo e irrespetuoso el que acontece diariamente en los lugares más comunes donde sucede la vida urbana en Colombia.

No quiero dar la idea que el argentino ofrece un mal trato, pues como inmigrante mejor condición política no puedo pedir, pero no me deja de asombrar como en repetidas ocasiones en las actividades diarias más comunes, como dirigirme a un kiosco (tienda), en un bar (cafetería en Colombia), en una carnicería o al tomar un taxi, el trato generalmente es lacónico y en ocasiones llega ser antipático. Excepciones las hay, pero observo que a muchos argentinos, circunscribiéndome al Gran Buenos Aires y al Gran La Plata, interpretan que un gesto de buena atención manifiesta servidumbre, vestigios de un país que por décadas ha luchado por los derechos del trabajador, que en buena medida celebro, pero que lamento que tal tradición confunda este trato como indigno entre personas.

Foto del autor. Argentinos tomando mate en la Plaza Italia.
Ciudad de La Plata. 2007

Es costumbre escuchar en ciudades como Medellín, las misma capital Bogotá, la calurosa Cali, entre otras ciudades colombianas escuchar expresiones como: “ A la orden”, “¿En qué lo puedo servir?”, “Sígase no más”, “Fue con mucho gusto” entre muchas otras más, como gesto de cordialidad y servicio que nos profesamos cotidianamente y que no interpretamos como humillación alguna. Esto parece irrisorio, irrelevante mencionarlo, pero es precisamente ese trato diario en la calle, con el desconocido, uno de los aspectos que más extraño de la cultura en la que me forme como persona.

AQUIPero como culturas en muchos aspectos diferentes, la colombiana y la argentina, en lo que más se parecen es en sus más grandes contradicciones, pues si el porteño y el rioplatense la primera impresión puede dar la imagen de personas hurañas y lacónicas, esto se desvanece por completo cuando al “romper el hielo social-cultural”, sos llamado hacer parte del rito del mate (5) o la celebración de un asado (6).


Cuando se es parte de estas dos grandes tradiciones, la verdad los argentinos te hacen sentir como uno

más entre ellos, y por más amarga que se sepa la yerba que tomas succionando por una boquilla metálica que ha pasado en el menor de los casos por seis bocas distintas, quienes entendemos el valor del rito y el significado de inclusión que este conlleva, separamos cualquier preferencia al gusto y estipulaciones escrupulosas, y nos unimos a la tal vez más ponderable gesto de acción colectiva de compartir más que una bebida que pueda registrarse en la América Latina. Ya si es un asado, además de las indescriptibles cualidades del sabor y textura de la carne vacuna de la pampa argentina, acompañadas de un buen vino mendozino y las amenas y divertidas charlas, por momentos prolongados la lejanía que sentías se convierte en la sensación más palpable de estar como en casa.

En el caso de mi país Colombia, es apreciable también una increíble contradicción, pues si en un principio demostramos ser correctos al hablar, cordiales en el trato, pero además algo que no trate que es esa alegría espontánea y gran sentido del humor, no podes entender porque no hacemos uso de tales virtudes para intentar salvar esas diferencias que insisten en polarizarnos y mantenernos en un conflicto interno que amenaza ser imperdurable.

La distancia que tomas de tu patria, la chica que sería la cuadra, el barrio, tu ciudad; y la grande, Colombia entera, definitivamente como en mi caso sentirme mas colombiano es imposible, identificarme con ella, reconocer sus valores me enorgullece, pero también me incita a preguntarme por las razones de sus problemas, por lo tanto, tomar parte y hacerme cargo, responsable de su historia y presente. Mi condición actual de extranjero en un país tan distinto al mío como la Argentina no puedo sino agradecerle, además de su apertura como inmigrante, la oportunidad de tener este alejamiento para reconocerme en la diferencia como integrante de otra cultura valiosa en un sentido y contradictoria por otro lado y asumir una posición nacional más crítica, pero también a pesar de la diferencia, el darme la posibilidad de ser parte de su historia, sin la cual estas reflexiones nunca hubieran tenido lugar ni tiempo. Gracias Colombia…. Gracias Argentina.

Bibliografía.

  • ROMERO, José Luis. Breve Historia de La Argentina. Editorial Fondo de Cultura Económica 1996.
  • SARMIENTO, Domigo. Facundo. Grupo Editor Altamira

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Notas

[1] Paisa es un apelativo de tipo cultural con el que se designa a las personas que proceden de la zona céntrica andina del territorio colombiano, que en buena medida integran los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío más zonas aledañas del Valle del Cauca y Tolima. Se dice que en el proceso de colonización de estos territorios, los primeros colonos en estas tierras llamaban paisas a las personas con quienes compartían un mismo paisaje, por lo general montañoso.

[2] Entiéndase el concepto de paisaje aquello que no sólo hace alusión a las características físicas y geográficas, sino integrado a ello, los grupos culturales que han construido una red de costumbres y vínculos.

[3] Basta mencionar la obra considerada como fundante de la literatura argentina: Facundo de Domingo F. Sarmiento quien llegase a ser presidente de la república a finales del siglo XIX y quien logró en esta obra tratar literariamente sucesos transcurridos en la primera mitad de ese siglo con una marcada influencia ideológica.

[4] Además de una marcada inmigración italiana, previa a ella tuvo lugar la creación de colonias escocesas en 1853 y luego se intensifico con políticas favorables en este sentido después de 1880 en la que arribaron personas procedentes de alemania, españa, eslovenia, polonia, entre otros.

[5] Esta típica costumbre de los países del Río de la Plata. Esta infusión fue utilizada originariamente por los indios guaraníes, quienes utilizaban la yerba mate. Los jesuitas, que se establecieron en la zona que hoy ocupa la provincia de Misiones, mejoraron su cultivo, por lo que allí se ubican los mejores yerbatales.Actualmente la yerba (hoja de yerba mate picada) se puede adquirir en paquetes de 1/2 y 1 kilo, y en la región productora, fraccionada en bolsitas. Cfr. “Historia del mate” por Educar.org.

[6] El conocido asado, que es la cocción de distintas partes de la vaca a las brasas, está extendido por todo el país y es una comida típica argentina.
Generalmente comienza con un chorizo y una morcilla antes de que llegue la carne. También puede ser acompañado con riñones, mollejas, hígado y chinchulines, que componen la vísceras del ganado vacuno. También se suele incluir carne de pollo y esporádicamente lechón. Cfr. Asado rural de Argentina Turística.com.

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