Tecnología desde lo social con sentido común

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Para las personas que viven en el mundo de la tecnología, es posible que piensen que todo en el planeta sea tecnología y que suelan mirar a los que no están dentro de la misma como seres raros o extraños. Este es uno de los fantasmas de la tecnología y los que se encuentran dentro de ella deben ser previdos sobre dicho fantasma que es causa de marginalidad. Mirando las estadísticas y siendo un poco filosóficos, las personas raras en el mundo de hoy son más bien los que viven dentro de la tecnología, porque continúan a ser una minoría planetaria. Hasta que la tecnología no alcance a toda la población humana, esta no dejará de ser causa de división entre aquellos que la poseen y los que no la conocen que son la mayoría. En Colombia la tecnología aún tiene que hacer un gran camino antes de alcanzar tal ideal. El primer paso es, sin embargo, hacerla posible a todos.
Por Al Rodas y Ruth Esperanza López Medina* Foto “lo veo y no lo creo” de ambigel. | English

Cuando hablamos de tecnología nuestras mentes se llenan de ideas e imaginaciones que se materializan en toda clase de máquinas e instrumentos que fueron inventados para facilitar el trabajo dentro de un sistema de desarrollo de innovaciones tecnológicas e industrialización. Esos procesos permitieron los grandes avances científicos para el bien de la humanidad y de acuerdo a intereses sociales y procesos de educación, ciencia, sociedad, política y economía. En dichos contextos podemos decir que la tecnología más que un proceso único, es el resultado de un sistema social que involucra otros factores como el psicológico, sociológico y cultural.

Gente “tecno” Vs. Gente “Tribal”

Utilizamos en este documento el término “gente tecno” para referirnos a aquellos que viven en un mundo de la tecnología. Ellos hacen de la tecnología una parte fundamental de la actividad humana y que llega a ser un estilo de vida: comunicación, transporte, alimentatión, pensamiento y muchas otras cosas. Para la “gente tecno” el concepto de espacio y tiempo es completamente diferente y reducido. Por ejemplo, las distancias entre Estados Unidos y Europa están completamente reducidas debido a los avances del transporte moderno en aviones que cada vez toman menos tiempo. Un viaje entre Nueva York y Bangkok es hoy por hoy tan normal casi como un viaje en taxi dentro de la misma Nueva York. Practicamente los sistemas mundiales de correo se han reducido gracias a las facilidades de comunicación a través del correo electrónico, los sistemas de telefonía del Internet, los telefonos celulares y muchos más artefactos que hacen que cada vez más un cartero sea un oficio del pasado.

Otro término que usamos en este documento – solo para hacer claridad y no como algo oficial -, es el término “gente tribal”, aunque la “gente tecno” es un gran universo de tribus. Pero en este sentido no nos referimos al término “tribu” en su acepción original. La “gente tribal” son aquellos que no utilizan la tecnología o la utilizan demasiado poco. Como la tecnología es usualmente asociada con centros urbanos, al menos como se evidencia en Latinoamérica -, esta gente por fuera de la tecnología puede ser encontrada en aldeas, pueblos alejados, tribus (en este sentido en su definición original) y en sociedades bastante subdesarrolladas. Es cierto que en nuestras ciudades podemos encontrar estas dos clases de discriminación moderna: la “gente tecno” en las clases media y alta y la “gente tribal” en la clase pobre. En este caso, la tecnología llegó a ser semilla – o es mejor decir -, reveladora de los conflictos sociales.

Las dos tentaciones de la tecnología

Hay dos tentaciones que pueden encontrarse dentro del fascinante mundo de la tecnología: pensar que todo puede hacerse solo desde la tecnología y considerar que la tecnología es algo hecho solo para un grupo social selecto.

En la primera tentación, la “gente tecno” suele despreciar las propuestas naturales y esta actitud conduce a la discriminación. Los modos de trabajar y transformar el mundo hechos por los indígenas, nómadas y sociedades naturales, pueden ser vistos como barbáricos y pueden conducir a la marginación de dichos grupos. Además hay una tendencia a pensar que dichos grupos tienen alguna clase de culpa por no conocer las tecnologías.

La segunda tentación es que la tecnología es un derecho de ciertos grupos de la sociedad, los que pueden pagar por esta. La tecnología en manos de ignorantes, pobres o gente tribal es incocebible. Por ejemplo, países como Camboya,Timor Este o en África, los teléfonos celulares se volvieron comunes al uso de toda persona. Lo utilizan los campesinos, trabajadores, conductores e incluso los adolescentes. En sociedades más desarrolladas como cualquiera de Europa, este hecho puede parecer sorprendente: ¿Cómo es posible que un país pobre puede usar tantos teléfonos celulares como en Roma? Pero la respuesta es muy simple: los teléfonos celulares resultan más favorables que instalar un teléfono fijo. Es más sencillo poner una antena que kilómetros de cables y un teléfono celular facilita la vida de un campesino que trabaja en las extensas llanuras de África y ello significa oportunidades para el desarrollo. ¿Qué podría significar esto para Colombia o Latinoamérica si el Internet estuviera en las regiones más apartadas del país? Significaría que esas regiones estarían en contacto con el planeta y que tendrían acceso a la información, la actualidad y a mayor capacidad: la tecnología no fue hecha solo para facilitar la vida de los ricos, sino para desarrollar la vida de los pobres.

Tecnología y economía

La tecnología sin embargo, va de la mano de la economía. En nuestra Latinoamérica la tecnología es costosa y la inversión en la investigación continúa muy baja en comparación con países industrializados. De acuerdo con un estudio de Léa Velho, Science and Technology in Latin America and the Caribbean: An Overvie, algunos países latinoamericanos han creado una significativa capacidad de investigación, pero no han podido crear buenos enlaces que involucren a los actores sociales relevantes en el conocimiento y uso de la producción. Para Alvaro Montes en su artículo Llegaron los computadores, el Internet en Colombia sigue siendo muy bajo con un porcentaje nacional de tan solo el 5% y, de acuerdo al periodista, en un grupo de dos mil colombianos, tan sólo uno tiene un ordenador. Aunque esas estadísticas son bajas, Colombia sigue siendo el cuarto país de América Latina en el mercado de tecnologías después de Brasil, México y Argentina.

Foto “look, technology” de texas gentleman.

La tecnología, por otra parte, continua siendo un negocio de varones en todo el planeta. En el informe de la UNESCO Education For All Report de 2004, las mujeres dedicadas a la investigación constituyen tan sólo un cuarto de la población mundial. De acuerdo al informe, en América Latina y el Caribe, el 46% de los investigadores son mujeres. En países como Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Venezuela, las mujeres dedicadas a la ciencia están entre el 45% y el 55% siendo los países con los más altos porcentajes de la región. Colombia está entre el 35% y el 45% y el más bajo es Ecuador por debajo del 30%.

Por lo tanto, inversión en tecnología requiere inversión en educación e investigación. Los países latinoamericanos todavía son importadores de tecnología más que productores significativos de la misma y la clave de la producción es la promoción de los propios científicos. Hacer parte del mundo de la tecnología no es sólo ser usuarios de la misma, sino también sus creadores. En nuestro caso, la tecnología no ha sido bien pensada cuando la brecha entre la “gente tecno” y la “gente tribal” es grande e impasable. Pero el llamado no es sólo para aquellos que tienen la tecnología en las manos, sino una invitación para todos aquellos que deberían tenerla, aquellos grupos que se sienten limitados a asumirla. La tecnología fue hecha para el ser humano. Somos nosotros los que decidimos que hacer con ella, cómo permitimos su participación en nuestras sociedades y qué tipo de responsabilidades vamos a asumir de cara a la tecnología. En este punto dice Montes citando a Manuel Dávila: “está probado que en el desarrollo no se requiere un país desarrollado, lo que se requiere son políticas y decisiones“. Lo mismo se puede decir acerca de la tecnología como un todo.

Bibliography


* Ruth Esperanza López Medina es estudiante de la Facultad de Tecnología de Sistemas de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD Acacias, Meta, Colombia.

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